By Simone Iglesias, Martha Beck and Andrew Rosati | Updated on Oct 05, 2026 at 10:27 PM
Al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quedar segundo el domingo ante Flávio Bolsonaro le dolió aún más porque creía que podía derrotar a su rival de derecha en primera vuelta.
“Estaba convencido de que ganaría las elecciones en la primera vuelta”, dijo el líder de izquierda conocido como Lula en São Paulo, después de que los resultados finales mostraran una ventaja inesperada para Bolsonaro, quien ahora avanza a la segunda vuelta del 25 de octubre.
Para algunos aliados, la admisión no fue una muestra de fortaleza, sino una señal de hasta qué punto la campaña había interpretado mal al electorado. Las próximas tres semanas determinarán si el revés da a Lula el impulso necesario para reactivar su campaña y protagonizar otro regreso político.
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Tras un resultado más débil de lo esperado, la campaña de Lula suspendió el lunes sus actividades públicas mientras sus asesores se reunían para reevaluar una estrategia que no logró anticipar la fuerza del avance conservador que respalda a Bolsonaro ni la ola de descontento contra el Partido de los Trabajadores del presidente.
La derrota deja a Lula ante uno de los mayores desafíos de su larga trayectoria política. Ha superado repetidamente la adversidad en su camino hacia la presidencia, solo para ver cómo su carrera se desplomaba tras una condena por corrupción que posteriormente fue anulada, lo que le permitió volver a competir y derrotar al entonces presidente Jair Bolsonaro hace cuatro años.
A solo 20 días de la segunda vuelta contra Flávio, el hijo mayor de Jair Bolsonaro, asesores y aliados dicen que el presidente octogenario necesita ampliar su atractivo más allá de la izquierda, reconectar con los votantes que se abstuvieron y convencer a una coalición desmoralizada de que todavía puede remontar la contienda.
Pero no hay consenso sobre cómo lograrlo ni sobre si queda tiempo suficiente para revertir lo que algunos aliados consideran un rechazo más profundo hacia Lula y su partido, el PT.
Tras más de dos décadas en el centro de la política brasileña, Lula se enfrenta ahora a la perspectiva de dejar la escena política sin un sucesor claro, lo que amenaza con dejar a la izquierda brasileña sin un liderazgo definido ni una hoja de ruta evidente.
“El problema es que el PT es un partido fragmentado y Lula ha sido históricamente quien ha tomado las decisiones finales, manteniéndolo unido en la medida de lo posible”, dijo Mario Braga, analista geopolítico de la consultora RANE.
Lula ha construido buena parte de su identidad política sobre la resiliencia personal y la disposición a librar batallas difíciles. Sin embargo, los resultados de la primera vuelta dejaron al descubierto vulnerabilidades que, según personas cercanas a su campaña, habían quedado ocultas por un exceso de confianza en torno al presidente y su partido. Todas las personas con conocimiento de la campaña solicitaron el anonimato para hablar sobre la estrategia electoral.
A diferencia de su primera campaña presidencial exitosa en 2002, cuando Lula buscó ganarse el apoyo de sectores tradicionalmente recelosos de la izquierda, esta vez se presentó a las elecciones con el argumento de que los votantes ya lo conocían y conocían su trayectoria. Rechazó repetidamente la idea de que tuviera que volver a demostrar sus credenciales políticas, incluido su compromiso con la responsabilidad fiscal.
Un alto cargo de la campaña afirmó que ese enfoque perjudicó a Lula al hacerlo menos proclive a buscar nuevas vías para llegar a votantes fuera de su base tradicional. Según otra persona familiarizada con las conversaciones, el presidente también se resistió a las peticiones de miembros de la campaña para presentar una agenda más progresista y restar protagonismo a su historia y legado personales. Lula rechazó explícitamente ese enfoque, añadió la misma fuente.
El resultado fue “mucho más una derrota de Lula que una victoria de Bolsonaro”, dijo Thomas Traumann, analista político y ex secretario de prensa de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff. “Lula hizo una campaña que realmente se trataba de él mismo, de su legado, y no hablaba lo suficiente de los problemas de otras personas ni del futuro”.
Los responsables de la campaña debaten ahora algunos cambios inmediatos. Uno de ellos es acentuar el contraste con Bolsonaro y convertir la segunda vuelta en una confrontación más directa entre ambos campos políticos. Otro es centrarse en el 21% de los votantes habilitados que no participaron en la primera vuelta, un grupo potencialmente decisivo en una contienda en la que Lula quedó unos 2,2 millones de votos por detrás de Bolsonaro.
Estas elecciones siempre iban a ser difíciles para el presidente, que ya cumple su tercer mandato y necesita superar el desgaste de los votantes tanto con él como con su partido, al tiempo que intenta presentarse como una fuerza de cambio.
Dos personas involucradas en la campaña dijeron que hay varios errores que deben corregirse y que Lula debe estar dispuesto a afrontarlos. También señalaron lo que describieron como una tendencia del PT a dominar las conversaciones con sus socios de coalición, así como la percepción generalizada de que Lula seguía siendo políticamente invencible.
El resultado fue “un mensaje político muy fuerte de que los brasileños están cansados de la izquierda y que están muy enojados con la administración de Lula, porque Lula les falló en los problemas cotidianos de Brasil: inflación, seguridad pública y corrupción”, dijo Maurício Santoro, investigador del Centro de Estudios Políticos y Estratégicos de la Marina Brasileña, con sede en Río de Janeiro.
Las derrotas de sus aliados reforzaron la percepción de una ola conservadora más amplia y de una izquierda en dificultades. Cuando Lula se dirigió al país tras conocerse los resultados, estaba rodeado de aliados políticos que también habían perdido sus contiendas, entre ellos el exministro de Hacienda Fernando Haddad, derrotado en la carrera por la gobernación de São Paulo, y las exministras Simone Tebet y Marina Silva, que no lograron obtener escaños en el Senado.
Eso deja a Lula con poco tiempo para revitalizar no solo a sus votantes, sino también a su propia coalición.
Los funcionarios del equipo económico consideran que hay poco margen para adoptar nuevas medidas gubernamentales capaces de cambiar sustancialmente la dinámica de la segunda vuelta.
Iniciativas adoptadas en el tramo final de la campaña, entre ellas la prohibición de las apuestas en línea y un aumento de los beneficios de Bolsa Família, no lograron alterar significativamente una contienda que esos funcionarios veían cada vez más como un referéndum sobre la gestión de Lula.
También se prevé que el resultado electoral complique su agenda económica en el Congreso, especialmente en el Senado, cuya composición cambiará de forma significativa después de que el domingo estuvieran en juego dos tercios de sus escaños. Un funcionario económico afirmó que el resultado dificultará al gobierno avanzar en algunas de sus prioridades, incluso si Lula gana la segunda vuelta.
Incluso el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, quien ha sido un importante interlocutor de Lula en el Congreso, salió políticamente debilitado de la votación después de que sus aliados sufrieran importantes derrotas en su estado natal de Amapá.
En términos más generales, el resultado puso de manifiesto las debilidades de la coalición que Lula formó tras regresar al poder hace cuatro años. Ganó las elecciones de 2022 prometiendo un amplio frente contra la derecha brasileña e hizo campaña junto a políticos ajenos a su tradicional base de izquierda. Sin embargo, una vez en el cargo, Lula no logró traducir plenamente esa alianza electoral en gobierno, debilitando así la coalición política más amplia que había prometido construir.
La cuestión ahora es cómo presentar mejor el caso electoral contra Bolsonaro, un enfoque que aún no se ha definido. Algunos de los ataques que la campaña esperaba que lo perjudicaran, incluidos aquellos que involucran el escándalo de Banco Master SA y las dudas en torno a una película biográfica sobre su padre, parecieron tener un impacto limitado en su apoyo, dijeron dos personas al tanto.
La cuestión fundamental es si la campaña de Lula podrá asimilar el impacto de la derrota sin desmoronarse. Una persona implicada describió dos posibles escenarios: que los aliados cierren filas e impulsen a Lula hacia una última remontada, o que las recriminaciones por los errores que llevaron al resultado de la primera vuelta comiencen a fracturar la coalición justo cuando entra en la recta final de la campaña.
Traducción editada por Malu Poveda.
Nota original: Lula Hunts for One More Improbable Comeback After Shock Setback ·
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